La visibilidad de los intereses comprometidos terminó estallándoles en la cara cuando la presión de los grupos económicos no reconoció límites y desbarrancó en pegatinas, notas, solicitadas a favor de la "minería responsable y sustentable" asqueando a todos con la presencia constante de sus funcionarios y gestores en cada espacio de poder y sobre cada Senador. Una situación que, aunque a ellos les cueste creerlo, operó también a favor de la ley.
Fue un verdadero acoso, desvergonzado, despilfarrador, que mejoró la visualización los hilos detrás de la trama, haciendo imposible el apoyo de los que creían poder parapetarse impunemente en el falso federalismo.
Así las cosas y ante la inminencia de una nueva sanción que dejaba, ahora sí claramente, expuesto al Poder Ejecutivo y sus socios, las autoridades informaron que esta vez no habría veto y mientras trabajaban para frenar la ley.
La presión social permitió que Bonasso lograra consenso en Comisión para el proyecto original con pequeñas modificaciones. Filmus conciente de la inminencia de una confrontación capaz de inviabilizar ambos proyectos o darle respaldo al de Bonasso, optó por apoyar una alternativa consensuada con sobre el texto original que redundó en una propuesta aún más favorable a la protección de los glaciares apoyada mayoritariamente en el Recinto por Diputados.
El proyecto continuó el debate en el Senado que finalmente lo sancionó por 35 votos contra 33 en la madrugada del 30/9/2010 en medio de una convocatoria social realizada por la Unión de Asambleas Ciudadanas junto a cientos de otras Organizaciones Ambientalistas y una cantata de jóvenes músicos que sin solución de continuidad testimoniaban a las puertas del Congreso cuales son las convocatorias que los mueven.
El compromiso social fue la clave, se hizo oír en todo el país y también en el exterior. Generó el clima que hizo insostenible la terquedad del gobierno y absolutamente transparentes los intereses y la presión de las transnacionales mineras y los gobernadores aliados.
La Ley de Presupuestos Mínimos para la Protección de Glaciares y el Ambiente Periglaciar, es un triunfo popular. Un triunfo de las causas que no se abandonan. Un logro de la construcción del conocimiento compartido sobre los verdaderos nudos del problema.
Una victoria de las luchas contra la corruptela política y la connivencia con el saqueo. Pero por sobre todo, es una herramienta para continuar defendiendo el derecho al agua de nuestros pueblos.
América Latina es el mejor reservorio del agua dulce del Planeta y por lo mismo está sujeta a la voracidad implacable tanto de los países que dilapidaron y contaminaron sus recursos hídricos a partir de un modelo de desarrollo y consumo depredador, como de los grupos económicos que disfrazados de "inversionistas" saquean la riqueza impresionante de nuestros pueblos que, paradojalmente, han dado en llamarse "pobres".
Al triunfo con la ley de glaciares se agrega el impresionante crecimiento de una conciencia ambiental en la ciudadanía, que, sin ir más lejos, en Brasil, recibió el apoyo de 22 millones de sufragios. La idea central de procurar modelos alternativos de desarrollo capaces de ser, efectivamente compatibles con la sustentabilidad ambiental, económica, política y social camina ya los senderos de América Latina.
Un logro "inesperado" según los mismos medios que, durante años nos comen la cabeza con la reiteración de la inseguridad urbana y el delito que, con ser graves, no alcanzan para ocultar la "otra inseguridad", los otros delitos bendecidos con la aureola de progreso, cuyas consecuencias sobre la vida y la salud, son originadas a partir de las formas depredadoras y contaminantes de producción.
Alergias, asma, todo tipo de enfermedades respiratorias y de piel, tumores, abortos, malformaciones, se esparcen sobre poblaciones indefensas mientras el mercado celebra el crecimiento del PBI.
Visibilizar el riesgo y las alternativas de solución es parte de nuestro desafío y el de toda América Latina.
El saber no ocupa lugar





